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mayo 29
Cuando la lástima no nos deja ver más allá de su discapacidad

Cuando la lástima no nos deja ver más allá de su discapacidad

  • BY: ClinicaRehabilitacionInfantil
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Vivimos en una Sociedad que si bien ha ido avanzando a la hora de responder a las necesidades que plantea una persona con discapacidad desde su nacimiento hasta la vida adulta, todavía cuenta con un largo camino por recorrer.

Una persona con discapacidad parte de una situación de desventaja desde el momento en que cuenta con una limitación física, sensorial cognitiva,... Pero eso no significa que con los recursos, medios y apoyos adecuados desde la infancia no pueda llegar a ser completamente autónoma, con una vida razonablemente buena y feliz como cualquier otra persona sin discapacidad.

El problema es que todavía hoy, a pesar de tener más acceso a la formación y la información, a pesar de pertenecer a una Sociedad que podemos considerar avanzada, seguimos sin educar sobre discapacidad. Porque no sólo se necesitan más recursos, más adaptaciones, más apoyos, menos barreras y más políticas de integración, se necesita "mirar a la persona" con discapacidad desde esa perspectiva que le aporte y no le reste.

A veces no es sólo su discapacidad sino un entorno y una visión discapacitante la que más les limita.

Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos cuando hablamos de niños con discapacidad es dejar de sentir lástima. Un sentimiento totalmente pasivo que coloca al niño en una situación con pocas posibilidades. "Estos niños también dan mucha felicidad", "Son como ángeles", "lo importante es que no sufra, ya tiene bastante con lo que tiene", "son muy cariñosos", "pobrecit@, con lo guap@ que es", "no se le nota nada"....

Es evidente que siempre nos va a provocar un sentimiento de tristeza ver las dificultades que enfrenta una persona con discapacidad, sobre todo cuando hablamos de niños. Pero este tipo de frases disfrazadas de ternura son falsas y además les perjudican.  Con discapacidad o sin ella los hijos dan felicidad y también muchos disgustos, a veces son ángeles y a veces demonios, van a sufrir como sufrimos todos en determinados momentos de la vida, serán cariñosos o bordes, y no necesitan nuestra lástima sino nuestro compromiso y acción para proporcionarles todo eso que les coloque en una posición de igualdad respecto de los otros. La lástima es uno de los sentimientos que más incapacita y sentimos lástima cuando no somos capaces de ver (padres y sociedad) más allá de su discapacidad

Como padres/madres tenemos que prepararles para una vida en la que sin duda su discapacidad, sea la que sea, estará presente. Por eso no sólo debemos centrar nuestra atención  en querer "arreglar" su discapacidad para que cuenten con menos limitaciones, sino que también debemos enfocarnos y mirar a ese niño que tendrá que aprender a vivir con ella. Aunque las circunstancias nos hayan convertido en "terapeutas" nuestra misión fundamental sigue siendo la de ser padres. Hay que enseñarles a ver sus riquezas, a creer en sí mismos, a tener una buena actitud, a confiar en sus capacidades y a aceptar también sus limitaciones. Hay que ayudarles a construir una autoestima sana que les permita verse a sí mismos y mostrarse al mundo más allá de su discapacidad.

Un niño tiene que aprender que no será su discapacidad la que lo defina, sino su actitud ante la vida. Evidentemente vamos a poner en marcha todos los recursos y medios que sean necesarios para minimizar las limitaciones que se deriven de la discapacidad que les afecte, pero también vamos a formarles como personas capaces de afrontar su día a día teniendo en cuenta que esas dificultades existen y que han de vivir con ellas. Vamos a trabajar para que un niño con parálisis cerebral por ejemplo consiga la marcha autónoma, pero si finalmente no lo consigue, vamos a fomentar esa actitud que no convierta su silla de ruedas en el techo de su felicidad.

Las personas con discapacidad no necesitan la lástima de nadie, sino el conocimiento de que existen otras formas de comunicarse, de desplazarse, de acceder a la información, otros ritmos de aprendizaje, de ejecución de tareas, etc. etc. Necesitan del respeto a la diferencia, porque todos somos iguales, pero todos somos diferentes. Necesitan ser "vistos" y "valorados" más allá de su condición de discapacidad. Sin olvidar que la primera mirada que reciben es la nuestra... Potenciemos el cambio que queremos ver en la sociedad.

Cuando la lástima no nos deja ver más allá de su discapacidad ocurre que perdemos la oportunidad de conocer al ser humano, su potencial, su capacidad...y esa diferencia que nos aporta, nos enseña y nos enriquece.

Inés Canal López