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marzo 12
ATENDER EL DESGASTE DEL QUE CUIDA: HAY QUE CUIDARSE PARA  PODER CUIDAR

ATENDER EL DESGASTE DEL QUE CUIDA: HAY QUE CUIDARSE PARA PODER CUIDAR

  • BY: ClinicaRehabilitacionInfantil
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Sería deseable que a la hora de atender a las necesidades y los cuidados especiales que requiere un hijo con discapacidad, padre y madre lo hicieran de igual modo. Pero la realidad nos dice que con el paso del tiempo y en muchos casos debido a causas laborales, económicas, sociales, emocionales..siempre es uno de los dos quien asume una mayor responsabilidad. Por lo que además de desempeñar su función como padre/madre se ve en la obligación de asumir el rol de cuidador/a.

Quien está permanentemente al cuidado de otra persona corre el riesgo de sentir que resulta imprescindible en su vida. Y así poco a poco comienza a vivir por y para quien cuida, incluso desestimando la colaboración o el hecho de que puedan sustituirle en alguna de sus obligaciones, ya que nadie l@ conoce tan bien como para asistirl@, cuidarl@, protegerl@ y proporcionarle todo aquello que necesita mejor que él/ella. No puede permitirse un descanso, a pesar de que interiormente lo esté pidiendo a gritos, se sentiría culpable o no lo disfrutaría.

Quizá para aquellos padres que han conseguido asumir la responsabilidad conjuntamente resulte exagerado pensar que esto pueda ocurrir, pero lo cierto es que ésta es la realidad de muchas otras personas. Hay quienes  no encuentran otro modo de mitigar su propio dolor más que intentando "compensar" con su dedicación y atenciones todas las posibles necesidades de su hij@. Hay quienes entienden que no serían  buenos/as padres/madres, si lo hicieran de otro modo. Hay quienes sin darse cuenta convierten la "entrega" en "sacrificio".

Y entrega y sacrificio, aunque puedan parecer sinónimos, no son lo mismo en absoluto. Porque la entrega a diferencia del sacrificio no implica renuncia. Algo que con el tiempo, acaba pasando "factura".

Ser conscientes de nuestras emociones para no actuar motivados por ellas equivocadamente es más que prioritario. El amor es entrega nunca sacrificio. Amamos a nuestr@s hij@s y por eso, ante sus circunstancias, nos entregamos a ell@s. Dedicamos todo nuestro esfuerzo para que tengan la mejor calidad de vida posible. Pero eso no debe suponer renunciar a nuestra propia vida, porque además hacerlo no les hará ni  más felices ni conseguirá minimizar sus limitaciones.

No es posible dar lo que no tenemos para nosotr@s mism@s. Tenemos que cuidarnos para poder cuidar. Creo que en muchas ocasiones asociamos el bienestar personal con ser egoístas. Nos han inculcado que el amor implica sacrificio y ese falso concepto de amor nos lleva a exigir inconscientemente una "retribución" por la renuncia realizada. Y así es como luego surgen esos sentimientos de no sentirnos valorados, de que nadie reconoce lo que hacemos, o de que nuestra vida es una pesada carga de obligaciones sin recompensa alguna.

En ocasiones las circunstancias nos exigen hacer frente a muchos cambios en nuestra vida. Asumir el papel de cuidador/a supone una enorme responsabilidad que corremos el riesgo se convierta en una pesada "carga" hasta dejarnos vacíos y sin fuerzas si no conseguimos eliminar ese sentimiento de culpa que siempre aparece cada vez que "osamos" escuchar nuestra propia necesidad. Por otro lado tenemos que ser conscientes de que esta actitud nos hace presa fácil de la manipulación. Resulta muy fácil manipular a quien siente que no tiene ningún derecho a pensar en sí mism@.

Si queremos mantener la salud física y emocional que nos permita dar cada día lo mejor de nosotr@s mism@s, tenemos que empezar por atender y escuchar nuestras propias emociones y sensaciones. Pensar cuando vais en los aviones y os dicen que ante una falta de oxígeno te pongas tú primero la mascarilla y luego a tu hijo, es lógico, no? porque si tú te asfixias no vas a poder atender y socorrer al que tienes al lado, en concreto a un niño pequeño que no sabría que hacer en esa situación. Si tú estás bien, podrás hacer el bien a los otros. Pero si tu estás mal, no sólo no darás nada bueno de ti sino que acabarás arrastrando a quien esté contigo. El amor y el respeto siempre empieza por uno mismo y eso no significa ser egoístas.

Puede que en ocasiones lo pensemos, pero la realidad nos demuestra que  nadie, absolutamente nadie, es imprescindible. Porque si mañana nos enfermamos o nos morimos alguien nos sustituirá y podrá hacerlo mejor o peor que nosotr@s pero lo hará y la vida continuará sin más. Tenemos que aprender a delegar, compartir y exigir si es preciso. Y cuando lo hagamos no podemos pretender que el/la otro/a lo haga con la misma "sabiduría" o "perfección" que nosotr@s, porque cada un@ lo hace como mejor puede o sabe, y también se merece la oportunidad de intentarlo y de experimentar en primera persona lo que es nuestro día a día. Tampoco tenemos porqué sentirnos culpables, no l@s estamos "abandonando" y tenemos que aprender, aunque nos cueste, que no somos "uno", somos "dos" personas. A veces es tanta nuestra implicación que nos "simbiotizamos" y ninguno es capaz de ser o estar sin el otro.

Una tarde de paseo, de ir al cine, una hora en un gimnasio o  ir de compras sin estar pendientes de nada ni nadie más que de nosotr@s mism@s, si somos capaces de liberarnos de la dichosa culpa, puede ser una recarga de energía increíble. Estamos todo el día de aquí para allá pendiente de todo, desconectar por un rato puede airear nuestra mente y hacer que se desintoxique de tanto pensamiento y preocupación recurrente. Las obligaciones las tenemos más que aprendidas y asumidas, ahora tenemos que aprender a disfrutar de un poco de tiempo libre.

Recordar que también tenemos otr@s hij@s y aunque saben que tenemos que dedicarle más tiempo a su herman@ no por ello tenemos que renunciar a disfrutar también de ell@s. Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños me costaba mucho disfrutar del mayor sin sentirme culpable por el pequeño. Cómo me podía permitir ir a jugar a la pelota al parque y "disfrutar" dejando al otro en casa con su padre! yo tenía que estar siempre con mi pequeño que tanto me necesitaba "a mí", así que o lo integraba en la actividad o simplemente le decía a su padre que mejor se fuera él al parque. Reconozco que hoy me arrepiento de ese tipo de cosas, porque a mi entonces "pequeñín" le hubiera supuesto una tarde diferente  jugando en casa con papá y no siempre con mamá y al mayor una tarde de juegos con mamá que siempre estaba tan ocupada con su hermanito. Pero tengo que reconocerlo, era incapaz de manejar la culpa que sentía si hacía eso, yo "debía" estar siempre en mi función de cuidadora.

La pareja es otro punto importante. No debemos olvidar que además de padres y madres somos hombres y mujeres. Y necesitamos un pequeño espacio o tiempo para estar juntos y no perder esa intimidad y esa complicidad que nos permita seguir funcionando como una pareja. Porque a pesar de que la responsabilidad de los cuidados y las atenciones de nuestr@ hij@ recaiga en mayor medida sobre uno que sobre el otro, tenemos que intentar no dejar de ser un "equipo" que se apoye mutuamente y pueda comprender las necesidades del otro. La responsabilidad de los hijos es cosa de ambos, pero cuando yo siento que soy quien "sacrifico" y el/la otr@ tiene su vida sin "renunciar" a nada, inevitablemente surgen sentimientos que desde luego no son nada buenos en una relación y que me alejan de la persona que se supone es mi compañer@ de viaje. Por eso hay que atreverse a expresar esas emociones que uno experimenta en su interior, porque esconderlas sólo conduce al resentimiento, la rabia y la frustración. Es verdad que a veces nos volvemos "monotemáticos" y las charlas se reducen a hablar sólo de terapias, médicos y rehabilitación, por eso tiene que ser un esfuerzo compartido el intentar "normalizar" lo más que podamos todas esas cuestiones. Tenemos que aprender a decir: Basta!, este rato es para "nosotros".

Olvidarse de uno mismo y desatender de forma constante nuestras propias necesidades, emociones y sensaciones más tarde o más temprano tendrá más de una consecuencia y desde luego no será positiva. Hay que aprender a "dar" sin "renunciar". Uno puede hacer todos los esfuerzos que sean necesarios por quien sea y nunca serán interiorizados como sacrificios si no nos olvidamos de atender y escuchar también nuestras propias necesidades. No es incompatible lo uno con lo otro si nos hacemos cargo y empezamos a gestionar mejor nuestras emociones.

Si te ha tocado a ti asumir la responsabilidad del cuidado de otro, por favor no te olvides de ti. Es posible dar  sin renunciar, y lo bueno es que cuando aprendes a hacerlo, ya no vuelves a sentirte vacío...todo lo contrario, vuelves a sentir que tú también existes. Pero aprenderlo a veces lleva mucho tiempo, así que no lo pierdas y ponte a ello.

Inés Canal López