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febrero 08
PARÁLISIS CEREBRAL

PARÁLISIS CEREBRAL

  • BY: ClinicaRehabilitacionInfantil
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Resulta difícil precisar con exactitud de cuando datan las primeras descripciones que pudieran asociarse a lo que hoy conocemos como parálisis cerebral (PC), aunque se sabe que ya Hipócrates y Galeano hacían referencia a algunos cuadros clínicos que bien pudieran ser considerados como tal. Se dice que fue William Osler quien introdujo por primera vez el término de “parálisis cerebral infantil” en 1889,  aunque fue en 1862 cuando un cirujano ortopédico inglés llamado William Little  presentó por escrito un estudio en el que definía como "rigidez espástica" las alteraciones del tono muscular y del desarrollo que presentaban algunos niños y que relacionaba con diferentes complicaciones del parto. Con el paso del tiempo se fueron sumando las aportaciones de  otros muchos  especialistas (Freud, Beaver, Phelps, Bax, Levitt,..), pero fue necesaria la celebración de un  Taller Internacional  sobre PC  (2004) para poder llegar a un consenso sobre su definición:

La PC  describe un grupo de trastornos del desarrollo del movimiento y la postura, causantes de limitación de la actividad, que se atribuyen a una agresión no progresiva sobre el cerebro del feto o del niño que está en proceso de desarrollo. Los trastornos motores de la PC se acompañan con frecuencia de alteraciones sensoriales, cognitivas, comunicativas y/o del comportamiento; así como epilepsia y problemas musculoesqueléticos secundarios.

Atendiendo al momento en que se produce la lesión cerebral podemos distinguir entre: PC congénita (antes, durante o después de nacer) o PC adquirida (durante los primeros años del desarrollo cerebral). En porcentajes el primer grupo representa alrededor de un 85%  y el segundo en torno a un  15%.

Las causas que pueden provocar una PC se clasifican en función del momento en que se produce el daño:

Prenatales (en el útero): anoxia, hemorragia cerebral, infecciones como la toxoplasmosis o el citomegalovirus, rubéola, factor Rh (incompatibilidad “ABO” madre-feto, eristoblastosis fetal), trastornos genéticos,  desnutrición materna, ingestión de drogas o fármacos nocivos durante el embarazo, etc.

Perinatales (durante el parto): son las más habituales. Prematuridad, bajo peso, hipoxia (falta de oxígeno), placenta previa o desprendimiento, cianosis,partos complicados,  etc.

Postnatales (durante el primer mes de vida y la primera infancia): traumatismos craneales, infecciones como meningitis, encefalitis,  intoxicaciones, epilepsia, fiebres altas con convulsiones, falta de oxígeno, accidentes cardiovasculares, accidentes (ahogamientos), hidrocefalia progresiva, etc.

Hay que señalar que pese a que se conozcan muchas de las causas que pueden provocar una PC, un alto porcentaje sigue siendo inexplicado. La PC es la causa más frecuente de discapacidad física en los niños desde que se instauró la vacuna contra la poliomielitis, y se presenta en aproximadamente 2 de cada 1000 recién nacidos.

Según las alteraciones del tono y las posturas predominantes la PC se clasifica en:

PC ESPÁSTICA: la lesión se sitúa en la corteza o vías subcorticales, principalmente vía piramidal. Su característica principal es un aumento excesivo del tono muscular (hipertonía) que se acompaña de una importante rigidez (espasticidad). La espasticidad puede afectar a cualquier músculo del cuerpo haciendo que su movimiento sea rígido, torpe y lento. Los movimientos bruscos aumentan la hipertonía. Se producen acortamientos que derivan en deformaciones y contracturas. Las piernas suelen cruzarse a la altura de las rodillas adoptando un aspecto de “tijeras” lo que dificulta la marcha. Suelen presentar un cierto grado de discapacidad intelectual y dificultades en el habla. Las epilepsias son mucho más comunes que en otros tipos de  PC. Se calcula que  afecta en torno al 70-80% de los pacientes.

PC ATETOIDE O ATETÓSICA: la lesión se sitúa en el sistema extrapiramidal, los ganglios basales del cerebro y/o el tálamo. Se caracteriza por la presencia persistente de movimientos involuntarios que interfieren con los movimientos normales del cuerpo. Afecta las extremidades, la cara, la lengua y presentan dificultades para hablar. Los movimientos son incoordinados  y el tono muscular es inestable pasando de la rigidez a la relajación y afectando el equilibrio. La motilidad involuntaria aumenta con cualquier tipo de emoción que genere una cierta excitación o inseguridad. En ocasiones tienen dificultades para mirar hacia arriba y hasta para cerrar los ojos voluntariamente. A diferencia de los espásticos suelen ser extrovertidos y muy lábiles emocionalmente. En la mayoría de los casos su inteligencia es normal, llegando a ser excelente en algunos casos, pero tienen una alta incidencia de trastornos neurosensoriales (problemas de audición y/o visión). Afecta en torno a un 10-20% de los pacientes.

PC ATÁXICA: la lesión se localiza en el cerebelo. El tono muscular es bajo (hipotonía), presentando alteraciones en el equilibrio, la coordinación y el control de las manos y los ojos. Puede existir nistagmus. Disartria.  La inteligencia suele estar limitada sobre todo cuando existen problemas visuales, auditivos y perceptivos. Afecta en torno a un 5% de los pacientes.

PC MIXTA: están afectadas diferentes partes del cerebro y sus estructuras. Suele combinar diferentes síntomas de las anteriores, aunque siempre se observa un cierto predominio de una sobre otra: espásticas con movimientos atetoides, rigidez con ataxia, etc.

Según la parte del cuerpo afectada se distingue entre:

TETRAPLEJÍA/TETRAPARESIA: afecta a las cuatro extremidades.

DIPLEJÍA/ DIPARESIA: afecta a las cuatro extremidades, pero hay mayor afectación de los miembros inferiores

PARAPLEJÍA/ PARAPARESIA: afecta a los miembros inferiores

TRIPLEJÍA/ TRIPARESIA: afecta a tres extremidades

HEMIPLEJÍA/ HEMIPARESIA: afecta a un lado del cuerpo

MONOPLEJÍA/ MONOPARESIA: afecta a una sola extremidad

(Este tipo de clasificación en opinión de los expertos no es totalmente precisa, ya que las extremidades no incluidas pueden verse levemente afectadas.)

Suele suceder que al hablar de PC  inevitablemente surge en nuestra mente la imagen de personas con incapacidad física severa, situaciones en las que el nivel de dependencia es máximo. Parece que nos cuesta imaginar que una persona con PC pueda ser totalmente autónoma en sus actividades de la vida diaria, o que tenga un nivel mínimo o medio de dependencia. Pero lo cierto es que no todas las PC son iguales y existen diferentes grados que permiten clasificarlas en LEVES, MODERADAS O SEVERAS.

En la PC observamos un retraso en el desarrollo en cuanto a la adquisición de habilidades (sujetar la cabeza, voltearse, sentarse, gatear…), la persistencia de reacciones reflejas que se corresponden con el recién nacido y la ejecución de funciones haciendo uso de patrones de movimiento (patológicos) que nunca se observan en un bebé o un niño sano.

Los mecanismos neurológicos de la postura, el equilibrio y el movimiento están desorganizados. No hay coordinación en las órdenes que provienen del cerebro, por ello, los músculos que actúan para mantener la postura, el equilibrio y el movimiento acaban faltos de coordinación, débiles o tensos.

En una PC las manifestaciones varían a medida que el niño crece, pero no porque la lesión “empeore” o “mejore”, sino porque la lesión (independientemente de cuando se haya producido) afecta a un sistema nervioso que está en desarrollo. Y a medida que éste va madurando, el cuadro clínico va modificándose.

Los síntomas de la PC no siempre están muy claros durante los primeros meses de vida, pero la alteración de la postura, del tono muscular (rigidez, flacidez) y la persistencia de los reflejos motores primitivos son signos de alarma. Las pruebas diagnósticas ayudarán a determinar qué zonas del cerebro y sus estructuras están dañadas y a descartar otro tipo de patologías, pero es la clínica del paciente (su sintomatología) la que pone de manifiesto el verdadero alcance de la lesión.

Si bien la discapacidad motora es la que caracteriza a todas las PC, pueden asociarse a ella problemas de diversa índole como por ejemplo: epilepsia, alteraciones en la percepción, en la visión, en la audición y el lenguaje, déficit intelectual, falta de atención, conductuales, etc. etc.

No todos los niños presentan estas alteraciones asociadas. Pero aún cuando sólo se tratara de una afectación física, la falta de movimiento junto con la alteración de sus posturas hace que el niño no pueda explorar y aprender de igual modo que lo haría si no tuviera ninguna limitación. Por eso en muchas ocasiones es la falta de experiencias y no una causa orgánica la que realmente acaba condicionando la adquisición de percepciones y sensaciones.

La PC no es una enfermedad, no puede "curarse", pero siempre puede y debe "tratarse". El programa de trabajo que se plantea en los niños con PC es complejo y requiere de la intervención de diferentes especialistas, se debe atender al niño en su "diversidad". Hay que trabajar la postura y sus habilidades motrices, pero también hay que potenciar su desarrollo cognitivo, hay que generar estrategias de comunicación y lenguaje, hay que favorecer el desarrollo de habilidades sociales para su integración social, etc. etc.

La evolución que tiene cada niño es, en ocasiones, inimaginable. Se trata de un cerebro que está lesionado, sí, pero "en desarrollo". Durante los primeros años de vida el cerebro se encuentra en un proceso de maduración en el que continuamente se generan nuevas conexiones neuronales. La llamada "plasticidad cerebral" juega siempre en su favor. Un arduo trabajo por parte de padres y profesionales, no siempre es condición suficiente para obtener los mejores resultados pero, siempre será una condición absolutamente necesaria.

La fisioterapia y los distintos métodos terapéuticos en la rehabilitación del niño con PC en la siguiente entrada.

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