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enero 22
PÉRDIDAS AUDITIVAS

PÉRDIDAS AUDITIVAS

  • BY: ClinicaRehabilitacionInfantil
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bebe oye

Según las estadísticas 5 de cada 1000 recién nacidos presentan algún tipo de pérdida auditiva. Una cifra que desde hace algunos años planteó la necesidad de instaurar a nivel nacional programas para la detección precoz de la hipoacusia. Un déficit en la audición supone una limitación en la capacidad de oír, y esto implica una dificultad para acceder al lenguaje oral. Audición y lenguaje están íntimamente relacionados, y cualquier trastorno en la percepción auditiva del niño a edades tempranas supondrá no solamente un deterioro de su capacidad lingüística y comunicativa sino también una mayor dificultad en sus procesos de aprendizajes y su posterior integración social.

Los cribados o screening auditivos en los recién nacidos tienen como objetivo identificar antes de los 3 meses a todos aquellos niños que puedan padecer algún tipo de pérdida auditiva, a fin de que sean diagnosticados y tratados antes de su primer año de vida. Las otoemisiones acústicas y los potenciales evocados auditivos son las pruebas que comúnmente se realizan para detectar posibles problemas de audición en los bebés. Y aunque en algunos casos pueden arrojar falsos "positivos" o falsos "negativos", son indicadores que pueden alertarnos de una posible hipoacusia. Son  pruebas "objetivas" que no requieren de la colaboración del bebé, y que analizan haciendo uso de una tecnología específica,  los cambios fisiológicos que se originan en el oído o en las vías nerviosas al recibir los estímulos auditivos. No obstante, no son las únicas pruebas a realizar. Existen otras  en las que el niño responde voluntaria o automáticamente tras percibir el estímulo, pero que pueden realizarse según la edad y las características del niño. Ambos tipos de pruebas serán las que poco a poco irán dibujando un perfil audiométrico más ajustado a la realidad de la pérdida.

Sin embargo, más allá de estas pruebas que suelen ser realizadas a todos los neonatos y que cuentan con un mayor seguimiento en aquellos niños que son de "riesgo", debemos estar "alertas" si observamos cualquier síntoma que pudiera indicar  una pérdida de audición. El 50% de los bebés con hipoacusia nacen sanos y no tienen antecedentes familiares de problemas auditivos.

Si un niño no responde a los estímulos auditivos, si no se asusta ante los sonidos fuertes y repentinos, si no busca con su mirada la fuente del sonido, si parece "ausente" o "despistado", si no tiene apenas balbuceo o lo va perdiendo, etc...es aconsejable consultar con un especialista. Requieren especial atención aquellos niños que tienen otro tipo de discapacidades, ya que muchas veces, limitaciones físicas y/o cognitivas "justifican" o "impiden" apreciar un déficit que en realidad se corresponde con un problema de audición.

Las consecuencias de la pérdida auditiva sobre el desarrollo comunicativo y lingüístico del niño variarán dependiendo del momento de aparición, del tipo y del grado de la misma (Torres, 1995).

Si la pérdida está presente antes de que se desarrolle el lenguaje entonces es "prelocutiva" si aparece después "postlocutiva".

Si la lesión se localiza a nivel de oído externo y/o medio se trata de pérdidas auditivas de "conducción" o de "transmisión". Su pronóstico es bastante favorable ya que con el tratamiento farmacológico, quirúrgico y/o audioprotésico adecuado su repercusión sobre el lenguaje es mínima.

Si por el contrario se localiza a nivel de oído interno y/o nervio auditivo su abordaje terapéutico es un poco más complejo y se conocen como pérdidas auditivas de "percepción" o "neurosensoriales". Hasta la fecha no existe ningún tipo de tratamiento que pueda "curar" este tipo de hipoacusias. El daño neuronal o coclear es irreparable. Sin embargo, existen tratamientos y recursos tecnológicos que van a permitir favorecer la percepción auditiva y que van a conseguir modificar en un sentido más que positivo su evolución. Tal es el caso de los audífonos y los implantes cocleares en las hipoacusias perceptivas de origen coclear.

Si las clasificamos según el grado, podemos distinguir entre pérdidas auditivas:

  1. Leves (20-40 dB) --> suelen pasar bastante desapercibidas en el entorno familiar. El niño "oye" pero no comprende todo lo que oye, por lo que suele manifestar un cierto retraso en el lenguaje y el habla, problemas de comunicación en ambientes ruidosos, falta de atención en clase y dificultades en la pronunciación de algunas palabras.
  2. Medias (40-70 dB) --> el lenguaje aparece pero con bastante retraso y con dificultades fonoarticulatorias. Sólo pueden identificarse algunas vocales en el habla, resulta complicado hacer una buena discriminación de los sonidos. No perciben bien la conversación normal y cuanto más nos acercamos a los 70dB es más frecuente encontrar lagunas en el vocabulario y problemas leves en la estructuración del lenguaje. Es necesario el uso de audífonos y deben entrenarse en el ejercicio de la lectura labial.
  3. Severas (70-90 dB) --> su audición no es "funcional", no pueden acceder al lenguaje y el habla por vía auditiva. Su audición residual no es suficiente para desarrollar el lenguaje de forma espontánea. Su aprendizaje resulta lento, difícil y requieren del uso de audífonos que no siempre son capaces de compensar las dificultades que supone el nivel de la pérdida. Tienen problemas en la estructuración del lenguaje oral y como consecuencia dificultades en el aprendizaje de la lecto-escritura.
  4. Profundas (más de 90 dB) --> la adquisición de la lengua oral es bastante complicada. La voz y la inteligibilidad del habla están afectadas. Sólo pueden percibir ruidos muy intensos en algunos casos y en  otros tan sólo vibraciones. El implante coclear suele ser la mejor alternativa en estos casos.
  5. Total o Cofosis (120 dB) --> no se percibe nada

Mi experiencia personal, tengo un hijo que padece parálisis cerebral y una sordera neurosensorial bilateral profunda como consecuencia de una lesión cerebral por hiperbilirrubinemia, me ha llevado no sólo a investigar y estudiar sino a formarme como intérprete de personas sordas. Veinte años durante los cuales he tenido la ocasión de conocer en profundidad personal y profesionalmente el alcance y la magnitud de esta discapacidad "invisible".

La falta de audición sea leve, moderada, severa o profunda va a repercutir en el desarrollo lingüístico del niño. Evidentemente cuanto mayor sea la pérdida, mayor será su afectación. Por ello resulta imprescindible poner en marcha todas las acciones que sean necesarias para paliar al mínimo sus consecuencias. En algunos casos requerirá de unas simples adaptaciones y apoyos, pero en otros, exigirá un arduo esfuerzo a lo largo de muchos años.

Es necesaria la valoración y la intervención de los profesionales en la materia (especialistas en otorrinolaringología, audiólogos, logopedas, etc.) pero también es fundamental nuestra participación.  Vivimos en una sociedad "normoyente", tenemos que potenciar el desarrollo del habla para que puedan integrarse socialmente y acceder a la lecto-escritura, pero sobre todo tenemos que "comunicarnos" y si eso significa tener que aprender "otras formas de comunicarse" es un reto que debemos asumir.

El bimodal es un sistema aumentativo de la comunicación oral que permite complementar la información auditiva con información visual. Se utiliza en la reeducación logopédica de niños con problemas auditivos, así como también en niños autistas, con retraso mental o trastornos generalizados del desarrollo. La utilización del bimodal no obstaculiza el desarrollo del habla, sino todo lo contrario. Mediante el uso de los signos podemos representar cualquier objeto, sentimiento o concepto. Significados que son necesarios para que el niño pueda evolucionar y desarrollarse. Los signos no son un juego de mímica, podemos hablar de lo concreto y lo abstracto, del tiempo pasado, presente y futuro.

Experiencias recientes demuestran que, incluso en los niños sanos, el uso de los signos favorece el lenguaje expresivo a edades más tempranas. Evolutivamente el lenguaje comprensivo aparece y se desarrolla antes que el lenguaje expresivo. Los niños pequeños son capaces de comprender mucho más de lo que pueden hablar, porque para verbalizar se hace necesaria una maduración neurológica mucho más compleja. Y en el caso de los niños que no tienen una audición "funcional", los signos favorecen el acceso a la información y a una comunicación gestual no verbal que les permite crear esas estructuras semánticas y sintácticas que son la base del desarrollo de la lengua oral y que resultan imprescindibles para el acceso a la lecto-escritura.

Por otra parte, La Palabra Complementada, es un sistema de apoyo a la lectura labiofacial. Se trata de un sistema que combina la lectura labiofacial con ocho configuraciones de la mano que se ejecutan en tres posiciones distintas respecto al rostro.  Las configuraciones manuales permiten identificar las consonantes, mientras que las vocales se corresponden con los diferentes lugares en los que son articuladas las configuraciones. En la palabra complementada, aquellos sonidos que visualmente se perciben de forma similar (mamá, papá) se acompañan de complementos manuales diferentes. Mientras que  se emplean complementos manuales similares cuando se trata de sonidos que visualmente son fácilmente diferenciables (foto, moto).

Existen múltiples recursos médicos y tecnológicos que van a permitir que un niño con discapacidad auditiva evolucione favorablemente. Un diagnóstico y un tratamiento precoz, como en todas las afecciones, ofrece la posibilidad de mejores resultados. Es en los profesionales de la audición  en quienes debemos depositar nuestra confianza para obtener el consejo, la orientación y la ayuda necesaria. El desarrollo y el aprendizaje de una lengua oral que le permita interactuar y acceder a la lecto-escritura ha de ser uno de nuestros principales objetivos, pero no debemos olvidar que  "comunicarnos" ha de ser nuestra máxima prioridad.

Inés Canal López